Por Juan Carlos Betancur
La labor silenciosa que durante décadas han realizado las Hermanas Auxiliadoras de Cristo Sacerdote en favor de sacerdotes retirados y enfermos atraviesa uno de los momentos más difíciles de su historia. La comunidad religiosa, cuya sede principal está ubicada en el corregimiento de San Antonio de Prado, en Medellín, enfrenta una millonaria deuda por concepto del impuesto predial que pone en riesgo la continuidad de esta obra social.
Según se informó, la deuda supera los 370 millones de pesos, una cifra que resulta imposible de asumir para una congregación que ha sostenido su labor principalmente gracias a la caridad, las donaciones y el respaldo de benefactores.
La congregación fue fundada en 1986 por la madre Blanca Libia Mazo Mejía y tiene presencia en diferentes regiones del país. No obstante, su casa principal funciona en San Antonio de Prado, donde actualmente cinco religiosas brindan atención permanente a nueve sacerdotes retirados, cuyas edades oscilan entre los 80 y 99 años.
Las religiosas explicaron que durante muchos años creyeron que el inmueble estaba exento del pago del impuesto predial por tratarse de una comunidad religiosa. Sin embargo, en 2019 recibieron una notificación en la que se les informaba sobre una deuda cercana a los 180 millones de pesos. Con el paso del tiempo, los intereses y demás cargos hicieron que la obligación creciera hasta superar los 370 millones de pesos.
Además del desafío económico, el hogar enfrenta otras dificultades. Algunas habitaciones presentan problemas de humedad y deterioro, especialmente en los espacios donde residen los sacerdotes de mayor edad. A esto se suman los constantes robos de cableado eléctrico que han afectado las instalaciones en varias oportunidades, incrementando las preocupaciones de la comunidad religiosa.
Pese a las dificultades, las hermanas continúan desarrollando su misión de acompañar a los sacerdotes en sus necesidades diarias. Además de brindarles alimentación y alojamiento, los acompañan a citas médicas, realizan trámites ante las EPS y les ofrecen el cuidado permanente que muchos de ellos ya no pueden recibir de sus familias. Para sostener esta labor organizan bazares, bingos, venta de pan y otras actividades solidarias, además de recibir un apoyo mensual de la Arquidiócesis de Medellín que solo alcanza para cubrir las necesidades más básicas.
La comunidad también manifestó que ha solicitado alternativas ante la Alcaldía de Medellín para obtener algún tipo de alivio frente a la deuda del predial; sin embargo, hasta la fecha de la publicación consultada no se había logrado una solución que permitiera garantizar la estabilidad financiera de la institución.
Mientras buscan una salida a esta situación, las religiosas hacen un llamado a la solidaridad de la ciudadanía para que esta obra, dedicada al cuidado de quienes durante años sirvieron a la Iglesia, pueda seguir prestando un servicio que consideran esencial para la dignidad y bienestar de los sacerdotes en su etapa de retiro.




