Publicado por: Juan Carlos Betancur | 2026-10-08 | 10:00 a. m. |
Hay canciones que pasan de generación en generación. No necesitan presentación, no requieren explicación y, apenas comienzan a sonar, son capaces de devolvernos a una casa, a una infancia, a una conversación o al recuerdo de alguien que ya no está.
“Viejo, mi querido viejo”, conocida también como “Mi viejo”, es una de esas canciones.
La interpretación de Piero convirtió esta composición en uno de los grandes himnos dedicados a la figura paterna en la música latinoamericana. Durante décadas, su melodía y su letra han acompañado celebraciones del Día del Padre, homenajes familiares y momentos de nostalgia.
Ahora, tras la muerte del cantautor ítalo-argentino Piero Antonio Franco De Benedictis, ocurrida el 7 de octubre de 2026 a los 81 años, la canción vuelve a escucharse con una emoción diferente. El artista falleció en Buenos Aires después de permanecer hospitalizado, dejando una trayectoria de más de seis décadas y un repertorio que combinó la canción romántica, la reflexión social y el compromiso con distintas causas.
Una canción que nació del recuerdo de un padre
Aunque para millones de personas “Mi viejo” está asociada directamente con Piero, la historia de la canción tiene otro protagonista fundamental: José Tcherkaski, periodista, escritor y letrista argentino.
Tcherkaski escribió la letra inspirado en su propio padre, Mario, un inmigrante ruso de origen judío que llegó a Argentina. José perdió a su padre cuando tenía apenas 14 años y, años después, retomó recuerdos de aquella relación para convertirlos en poesía.
De ese recuerdo nació la frase que terminaría dando nombre a una de las canciones más reconocibles de la música en español: “Viejo, mi querido viejo”.
Piero puso la música y su voz. Así comenzó una sociedad creativa que en 1969 llevaría la canción a un público que rápidamente la convirtió en un fenómeno.
La historia tiene además un momento especialmente emotivo. Piero contó que, después de terminar la canción, decidió cantársela personalmente a su padre, quien en ese momento tenía 48 años.
Mientras interpretaba la canción con su guitarra, el artista levantó la mirada y encontró a su padre llorando. Aquel momento quedó grabado en la memoria del propio Piero y se convirtió, con el paso de los años, en parte de la historia emocional de la canción.
Piero también puso parte de su propia historia
Aunque la letra fue construida principalmente desde la experiencia de José Tcherkaski con su padre, Piero encontró en ella elementos de su propia vida.
El artista había emigrado con su familia a Argentina durante su infancia y también construyó recuerdos alrededor de su padre y de las dificultades económicas que atravesó su familia.
Piedrahíta recordó que Piero llegó a considerar que la canción ya no pertenecía únicamente a sus autores.
“Ya esta canción es de todos”, habría expresado el artista al referirse a la dimensión que alcanzó la obra.
En esa frase puede encontrarse una de las claves del legado de Piero: entender que una canción puede comenzar siendo una experiencia personal y terminar convirtiéndose en parte de la memoria colectiva.
El éxito que llegó después de los rechazos
El camino de “Mi viejo” hacia el éxito tampoco fue inmediato.
Piero y Tcherkaski recorrieron diferentes compañías discográficas antes de conseguir una oportunidad. Finalmente, CBS decidió apostar por la canción y su lanzamiento terminó convirtiéndose en un fenómeno comercial.
La canción apareció en el álbum homónimo de Piero, publicado en 1969, y fue el tema que terminó catapultándolo al reconocimiento nacional e internacional.
Lo que comenzó como una composición dedicada a la memoria de un padre terminó convirtiéndose en una pieza fundamental del repertorio latinoamericano.
Piero, mucho más que “Mi viejo”
Reducir la carrera de Piero a una sola canción sería desconocer buena parte de su trayectoria.
El cantautor construyó una obra relacionada con el amor, la infancia, la solidaridad, las preocupaciones sociales y la búsqueda de una sociedad más justa. También interpretó canciones de contenido político y social que marcaron diferentes momentos de Latinoamérica.
Entre sus obras más reconocidas aparece “Para el pueblo lo que es del pueblo”, también realizada junto a José Tcherkaski y publicada como parte de su repertorio de los años setenta.
Su carrera estuvo marcada además por el exilio durante la dictadura argentina y por su relación posterior con Colombia, país del que también obtuvo la nacionalidad. Su trabajo artístico y social le permitió mantener una presencia importante en diferentes generaciones de latinoamericanos.
Del verso a la era del algoritmo
La muerte de Piero también abre una conversación sobre la transformación de la música.
Durante buena parte del siglo XX, la canción de autor tuvo un peso importante en la cultura popular. Las letras podían convertirse en pequeñas crónicas de una época y los compositores encontraban en la música una herramienta para hablar de amor, familia, política, injusticia, esperanza y vida cotidiana.
Hoy el escenario es diferente.
Las plataformas digitales modificaron la manera de producir, distribuir y consumir música. Un artista puede grabar una canción desde su habitación, publicarla en internet y alcanzar en cuestión de días una audiencia internacional.
Herramientas como el autotune, los instrumentos virtuales y los programas de producción digital también democratizaron el acceso a la creación musical. Ya no es indispensable contar con un gran estudio de grabación o con el respaldo de una compañía discográfica para publicar una canción.
Pero esa democratización también abrió un debate.
¿La facilidad tecnológica está permitiendo que aparezcan más talentos o está haciendo que la industria privilegie la velocidad sobre la calidad?
No existe una única respuesta.
Las nuevas generaciones también han producido canciones innovadoras, nuevas formas de poesía y fusiones musicales que difícilmente habrían sido posibles décadas atrás. El problema aparece cuando la búsqueda del éxito inmediato termina imponiendo fórmulas repetitivas y cuando el impacto de una canción se mide únicamente por reproducciones.
¿Se está perdiendo la canción con mensaje?
El debate tampoco debería convertirse en una guerra entre generaciones.
El reguetón, el trap, el rap y otras expresiones urbanas hacen parte de la cultura contemporánea y, como ocurrió con otros géneros en el pasado, reflejan preocupaciones, lenguajes y realidades de su época.
Sin embargo, sí resulta válido preguntarse qué espacio queda actualmente para las canciones que necesitan tiempo para ser escuchadas, comprenderse y recordar.
La música popular siempre ha tenido diferentes niveles: canciones para bailar, canciones para enamorarse, canciones para protestar y canciones para recordar.
“Mi viejo” pertenece a esta última categoría.
No fue creada para convertirse en una tendencia de unos cuantos días. No dependió de un desafío viral ni de un algoritmo. Su fuerza estuvo en una historia sencilla: un hijo mirando a un padre, reconociendo el paso del tiempo y entendiendo que detrás de una persona mayor existe una vida entera de recuerdos.
El legado de Piero permanece
La muerte de Piero marca el cierre de una etapa para la canción latinoamericana, pero no significa el final de su música.
Su voz seguirá apareciendo en radios, reuniones familiares, homenajes y recuerdos. Y cada vez que alguien escuche “Viejo, mi querido viejo”, probablemente ocurrirá algo que ningún algoritmo puede fabricar: alguien pensará en su padre.
Ese es quizás el verdadero triunfo de una canción.
Piero no solo consiguió un éxito musical. Consiguió que millones de personas hicieran suyo un sentimiento que originalmente nació de la memoria de otros.
Más de medio siglo después de su lanzamiento, “Mi viejo” continúa demostrando que algunas canciones no envejecen.
Solo cambian las personas que las escuchan.
Y mientras existan hijos que recuerden a sus padres, padres que envejezcan y familias que necesiten una canción para decir aquello que a veces las palabras no alcanzan a expresar, el viejo de Piero seguirá caminando en la memoria de América Latina.
Porque algunas voces desaparecen, pero sus canciones se quedan para siempre.




