Publicado por: Juan Carlos Betancur
2026-02-15 | 10:50 a. m.
Hay despedidas que trascienden una ceremonia y permanecen en la memoria de una comunidad. Ese es el sentimiento que hoy acompaña a los habitantes de San Antonio de Prado, quienes despiden con gratitud al presbítero Eduardo Yépez Pérez, sacerdote que durante más de seis años estuvo al frente de la Parroquia San Antonio de Prado y dejó una huella profunda en la vida espiritual, social y humana del corregimiento.
Su llegada, el 17 de septiembre de 2019, marcó el inicio de una etapa de servicio que coincidió con algunos de los momentos más complejos vividos por la comunidad. Lo que inicialmente sería un nuevo destino pastoral terminó convirtiéndose en un hogar donde construyó relaciones de amistad, cercanía y confianza con miles de familias.
Un ministerio marcado por la esperanza
Pocos meses después de asumir la parroquia, el padre Eduardo enfrentó uno de los mayores desafíos para la Iglesia y la sociedad: la pandemia de COVID-19.
Las restricciones sanitarias obligaron al cierre temporal de los templos y cambiaron la forma de vivir la fe. Sin embargo, lejos de alejarse de la comunidad, el sacerdote buscó nuevas maneras de acompañar a los feligreses mediante transmisiones virtuales, mensajes de esperanza y una presencia constante en medio de la incertidumbre.
Para muchas familias de San Antonio de Prado, sus palabras y su cercanía representaron un apoyo espiritual durante uno de los periodos más difíciles de la historia reciente.
Fortaleza en medio de la adversidad
Otro de los momentos que marcaron su paso por la parroquia fue el incendio que afectó la casa cural.
A pesar de las dificultades materiales que dejó la emergencia, el padre Eduardo continuó desarrollando su labor pastoral con serenidad y compromiso, acompañando a la comunidad mientras avanzaban los procesos de recuperación.
Su actitud frente a la adversidad fortaleció el sentido de unidad entre los feligreses y dejó un mensaje claro: la Iglesia se construye principalmente desde las personas y no únicamente desde sus edificaciones.
Un sacerdote cercano a la comunidad
Quienes compartieron con él coinciden en destacar su disposición permanente para escuchar, visitar enfermos, acompañar familias y participar activamente en la vida comunitaria.
Su ministerio trascendió las celebraciones litúrgicas. Fue un sacerdote de puertas abiertas, cercano a niños, jóvenes, adultos mayores y líderes comunitarios, estableciendo relaciones de respeto y amistad incluso con personas de diferentes creencias.
Su sencillez y capacidad para dialogar hicieron que muchas personas encontraran en él no solo un guía espiritual, sino también un amigo dispuesto a escuchar.
Homilías que llegaban al corazón
Durante su permanencia en San Antonio de Prado, el padre Eduardo fue reconocido por sus homilías, caracterizadas por un lenguaje cercano, reflexivo y profundamente humano.
Sus mensajes invitaban a vivir el Evangelio desde la solidaridad, la reconciliación y el compromiso con quienes más lo necesitan, haciendo de cada celebración un espacio de encuentro y esperanza para la comunidad.
Más allá del altar
Su vocación también se reflejaba en aspectos cotidianos de su vida.
Apasionado por el deporte, participó en diferentes carreras atléticas, promoviendo hábitos saludables y demostrando que la disciplina también forma parte del crecimiento personal.
Quienes compartieron momentos más cercanos con él recuerdan igualmente su gusto por la cocina. Preparar alimentos para amigos, colaboradores y visitantes era otra forma de expresar hospitalidad y fortalecer los vínculos de fraternidad alrededor de una mesa.
Un reconocimiento al servicio
En los días previos a su traslado, diversos grupos pastorales, comunidades veredales, movimientos apostólicos y representantes del sector de San Isidro realizaron actos de agradecimiento por su labor.
Cada homenaje reflejó el cariño que supo sembrar durante más de seis años de servicio, mediante palabras, detalles y expresiones de afecto que evidenciaron el impacto de su ministerio en la vida del corregimiento.
Una nueva misión pastoral
Por disposición del Arzobispo de Medellín, el padre Eduardo Yépez Pérez continuará ahora su misión sacerdotal en otra comunidad parroquial.
Aunque inicia una nueva etapa en su ministerio, deja en San Antonio de Prado un legado construido con cercanía, servicio, humildad y compromiso con la comunidad.
Más que despedir a un párroco, el corregimiento despide a un hombre que caminó junto a su gente en los momentos de alegría, dificultad y esperanza.
Su paso por la Parroquia San Antonio de Prado permanecerá en la memoria de quienes encontraron en él un pastor dispuesto a escuchar, acompañar y servir.
Gracias, padre Eduardo Yépez Pérez, por estos años de entrega y servicio. Que Dios lo acompañe y bendiga en la nueva misión que hoy comienza.



